Prioridades

PADRE RAÚL HASBUN

2022-09-23T07:00:00.0000000Z

2022-09-23T07:00:00.0000000Z

Diario Financiero

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HUMANITAS

“Danos hoy nuestro pan de cada día”, pedimos a Dios, nuestro Padre. Y fue Jesús, Hijo de Dios, quien creó esa oración, palabra por palabra. Lo primero que un niño pide a sus padres es alimentarse. Sin alimento no hay salud. El mismo Jesús nos “sopló” las preguntas del examen final, cuando nos llame a su presencia, todas de misericordia: ¿diste de comer al hambriento? ¿ofreciste vestido al harapiento? ¿cobijaste bajo un techo la intimidad del inmigrante? ¿visitaste y medicinaste al enfermo? ¿honraste la dignidad del preso, facilitaste su reforma y reinserción social? ¿aconsejaste al desorientado? ¿educaste al ignorante? ¿corregiste al caído o a punto de caer? ¿consolaste al afligido? ¿rezaste por el desesperado? ¿perdonaste al que te ofendió? Este examen y sus preguntas son de ley divina. Pero también de ley natural. Y se ajustan a nuestras experiencias y expectativas. Coinciden, todas, en señalar nuestras prioridades de ciudadanos de la Tierra. Ellas tienen en común: 1) son urgentes y no admiten dilación; 2) su índole, su número y su costo de provisión superan en mucho nuestros recursos escasos; y 3) sin perjuicio de nuestra necesaria cooperación humana, requieren un decisivo aporte divino. Las peticiones del Padrenuestro cubren todo el espectro de esas urgencias, y con el “Hágase tu voluntad” aseguran su plena satisfacción. Estudiosos y practicantes del Derecho, de la Ciencia Política y de la Economía, servidores públicos elegidos para legislar y gobernar, deben considerar atentamente estas prioridades, asegurando primero la provisión de lo urgente e indispensable, para sólo entonces permitirse especular con el ensayo de nuevos modelos, legales y sociales. El ensayo especulativo del futuro no puede fagocitarse la urgencia imperativa del presente. “Baste a cada día su propio afán”, sentencia sabiamente Jesús. Hemos sufrido 3 años de incertidumbre, violencia y rapiña incendiaria, restricciones sanitarias al trabajo, a la movilidad y a la religiosidad, pagando costos personales, familiares y sociales que rayan en la inhumanidad. Ahora Chile espera y reclama tranquilidad, seguridad, certeza de recuperar el ritmo y empleabilidad laboral, franquicias y no barreras a la inversión, salarios suficientes para vencer la inflación y respaldar la jubilación, salud y educación de calidad, delincuencia controlada y encarcelada, caminar por calles sin asaltantes al acecho, y admirar ciudades bellas, limpias del feísmo omnipresente. Los recursos humanos son claramente insuficientes, y no hay “reforma” tributaria capaz de extraerlos de la diaria laboriosidad y decreciente paciencia de contribuyentes agobiados. Entendemos ahora la advertencia de Jesús: “Sin Mí, ustedes no pueden hacer nada. Pero si creen en Mí, harán las mismas obras que Yo hago, y todavía mayores”. Este último domingo de setiembre, Día de Oración por Chile, le pediremos a la Virgen del Carmen la sabiduría del “Ora y Labora”. Respetando las prioridades. No es tiempo ahora de especular, ensayar, y menos de improvisar.

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